• Mario Arturo Ramos

Una madrugada de 1982


Aquel invierno ochentero que en cuatro días desaparecería, dejaba una buena cantidad de noches convertidas en canciones, con música de Guadalupe Trigo. Reunirnos a trabajar en esa temporada, fue fiesta de armonías, ritmos, melodías, sentimientos, imaginación, poesía; hacer canciones por el gusto de hacer canto popular. Las jornadas de trabajo tenían como escenario lugares bohemios o la tranquilidad de su casa, no importaban los sitios, lo fundamental era el oficio.


El 17 de marzo cumplió años Arturo Cipriano Izquierdo, ejecutante de la flauta, compositor, jazzista, productor, promotor de la canción auténtica. Al creador potosino le llamo “carnal”, por lo tanto, asistir a su guarida a celebrarlo, era compromiso y agasajo; enfrente del departamento donde habitaba Arturo, existe un comedero con sabor coyoacanero; a pocos pasos de la casa de Cortés, en medio de las jacarandas, ahí quedé de verme con Trigo para asistir un rato al fandango en honor a “Ciprianodonte”. Era día de la Patricias y su representante, lo festejaba. La reunión fue breve, el compromiso lo esperaba; llegó con Jorge, Raúl en su Caprice negro, pactamos encontrarnos en su casa de Burgos, Morelos, en el inicio de la primavera, para los temas encargados por Imevisión para el proyecto de una serie de programas de tv: “Los bandidos de Río frío”, de Manuel Payno. Se marchó en la noche cosmopolita, en el Caprice negro.


En las primeras horas de la madrugada invernal, abracé al “carnal” y regresé a mi domicilio; de pronto sonó el teléfono, de otro lado de la línea, “El chato”, me pidió conseguir un helicóptero, no entendí, parecía petición etílica. Otras llamadas quebraron el silencio nocturno, Lourdes me pidió que contestara, no recuerdo bien si fue la tercera o cuarta, la que me comunicó del accidente automovilístico, del impacto brutal con un camión materialista, del final de Guadalupe Trigo. De Reforma e Insurgentes a la morgue de Cuernavaca, en la carretera, reflexioné sobre la importancia de su obra. En los setentas del siglo pasado, la canción nacional encontró vertientes distintas a las que dictaba el espectáculo; junto a las estrellas del “boom” discográfico surgió el reencuentro de (algunos) ejecutantes, intérpretes; productores y firmas fonográficas, con las canciones del pueblo, con experimentales, poéticas, testimoniales; las diferentes al “hit” y el autógrafo.


El neo folclore sudamericano, el norteamericano, el bossa nova, el nuevo canto hispano/ latinoamericano, la canción de texto francesa, la del rock, junto al corrido, el son, el “canto tradicional” - jarabes, coplas, décimas, danzas …1-; el bolero, la balada, son raíces de la Nueva Canción Mexicana. Tres corrientes me parece que definen su camino: la canción de protesta, el documento histórico sonoro y la canción arte. En la carretera, Ciudad de México-Cuernavaca, pensé que la música del compañero que se despedía se encontraba -encuentra-, en este último espacio estético. Recordé cómo con la guitarra inseparable buscó poemas y textos, para unirlos a las armonías guitarrística, a las melodías de buen gusto, a los ritmos nacionales, con el único propósito: de cantarlos, de como dice Mario Trejo Dorsal: “sacar a la canción del rincón de una cantina”:


La madrugada del 18 de marzo abrió sus puertas al sol, igual que la “Ciudad de la eterna primavera” que tenía el rostro triste cuando llegamos al domicilio cuernavaquense de la muerte. Encontrarlo ahí, tan frágil, inmóvil, es una imagen que acompañará mi historia; abracé a mi compañera, el silencio fue la respuesta al momento. Salí a tomar el aire de la mañana que despertaba, un colaborador del M.P. pidió sus generales: Alfonso Ontiveros Carrillo, Guadalupe Trigo, Mérida, Yucatán, 1941. Abogado, ejecutante de la guitarra, compositor, intérprete, productor discográfico, director de grupos musicales.


El regreso a la Ciudad de México fue directo a la funeraria; lo primero que busqué fue un café, con la tristeza al lado me senté en las escalinatas de la entrada, entendí que me tocaba ser testigo de un capítulo que se cerraba de la canción popular mexicana. Una madrugada de 1982


1.-Alberto Ángel “El Cuervo”

Por Mario Arturo Ramos

Poeta y Autor

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