• Alberto Ángel "El Cuervo"

Si se calla el cantor


“La Iglesia estaba vacía con excepción de nosotros dos… Unos metros más allá, una monja oraba… Cuatro o cinco filas atrás, un anciano, de rodillas y entre llantos imploraba algo a Santa Teresita de Jesús… Nosotros, en la banca solitaria de la tercera fila del templo, tomados de la mano contemplábamos los anillos de plata testigos de la promesa-petición ante Dios y los viejos idos, los viejos ángeles que nos protegen desde el cielo… Hasta allá fue enviada la declaración de amor que en un impulso había brotado… La emoción, la reflexión nos mantenía en silencio… De pronto, levantándome, la llevé a acompañarme y de pie los dos, brotó del fondo de mi corazón, un canto de imploración, de promesa, de esperanza, de sueño… Ave María, Gratia plena… El canto, y el cantor indivisiblemente unido a él, se hizo presente y la emoción celestial invadió a todos, a la pareja, a la monja, al anciano, y seguramente a los ángeles protectores testigos y hasta a la propia Santa Teresita. Por eso, el canto, sirviéndose del cantor, convirtió en imborrable y eterno ese momento que era efímero… Así se suponía…”

Entre todos los avatares que se dan en esta nueva y extraña cotidianidad en claustro, se producen cosas que necesariamente nos llevan a la reflexión y que no necesariamente nos generan conciencia salvo en algunos elogiables casos… Estando aquí pues, en mi claustro obligado y rodeado de mis amigos libros, mi amigo piano, mi guitarra… Amiga de carnes de madera que sabe de mis pesares, de mis sinsabores y también de las sonrisas que este bendito oficio de cantor ha dejado tatuado en mi alma a lo largo de 50 años de caminar en el sendero en el que se entrega el alma mencionada para hacer sentir, para divertir, para motivar sonrisa y sensación de bienestar emocional… Pues estando aquí rodeado de todos ellos, de todos esos mis amigos verdaderamente incondicionales, de pronto una llamada me llevó a profundizar en esos avatares.

---Maestro: Le llama su compañero y admirador Fernando Cuevas. Soy un cantante de música mexicana. Le conocí hace años y quiero que sepa que le admiro y para mí ha sido un ejemplo a seguir en la defensa de nuestra música, nuestra tradición, nuestra cultura…

---A sus órdenes, Fernando. Muchas gracias por sus palabras… ¿En qué le puedo servir?

---Pues mire, Maestro, acá en Toluca, los cantantes, músicos y demás personas que nos desenvolvemos en esta carrera, como se imaginará estamos padeciendo terriblemente la situación de la pandemia… Nosotros vivimos al día, Maestro… Y de pronto nos cerraron toda posibilidad de trabajo… No tenemos para comer siquiera…

Confieso avergonzado que en un principio tuve el temor de que la llamada fuera en el sentido de solicitar un apoyo económico de mi parte como en muchas ocasiones sucede de manera oportunista condenable por parte de algunas personas sin escrúpulos que se aprovechan de lo sucedido. Pero una vez que me explicó lo que padecían y la petición que se me hizo, la sensación de vergüenza se acrecentó… Fernando, mi compañero cantor, mi hermano de oficio, mi camarada del camino en el que se entrega el alma entera, me solicitaba un pequeño video en el que conminara a los hermanos cantores, músicos y demás trabajadores del arte y el espectáculo a que se mantengan unidos, fuertes, para que juntos puedan o podamos salir adelante en esta contingencia en la que nuestro gremio está situado en la primera fila de aquellas labores que se desechan por no ser consideradas esenciales… Y así lo hice… Al grabarles ese video, el nudo en la garganta se hizo presente cada segundo. Al terminar de grabarlo, una pregunta reflexión brotó desde lo más profundo del alma: ¿Por qué es considerado nuestro oficio como el primero o de los primeros que se pueden desechar…? Es curioso, porque cuando el hombre nace, la música y el canto le reciben a manera de bienaventuranza y así los cantores le cobijamos en estas albricias… Cuando comienza la formación en la infancia, los cantores se hacen presentes en la instrucción incluso… Cuando se va adentrando en los caminos de las emociones, la música es el lenguaje adecuado y el cantor, de nueva cuenta es indispensable en las serenatas, en el cortejo, en la declaración de amor… En las ceremonias en las que se invoca a Dios, la presencia de la música, del canto es indispensable… No hay, por ejemplo, ceremonia de unión de pareja llámesele matrimonio o como usted quiera llamarle, que no busque comenzar a manera de buen augurio, envuelto en cantos y cantores… Si el ser humano sufre, busca el canto, si ríe lo busca igual para desahogar la euforia o la tristeza en su caso… Hasta la muerte misma se acompaña de música, de cantos y cantores… Y de pronto ¿se nos deshecha porque no somos “esenciales”…? Que alguien me explique, porque esa consideración rebasa mi capacidad intelectual… El arte es la más sublime manifestación de la existencia, de la vida, de la presencia de la humanidad… Y de pronto poetas, músicos, danzantes, actores y cantores caemos bajo la clasificación de inútiles cuando antaño, por ejemplo, se acostumbraba el “tequio”… El Tequio, esa costumbre en donde justamente se pedía al músico y al cantor, acompañar con su voz durante las labores diversas para que al constructor, al hacedor de caminos, etc. Se le brindara luz y energía para continuar su trabajo en pro de la comunidad misma… De pronto entonces, insisto, este bendito oficio se vuelve inútil, inservible cuando ha sido indispensable en el nacer, crecer, aprender, relacionar, amar, unirse, reproducirse y morir… Continúo neciamente pidiendo que alguien me explique, porque mi capacidad intelectual no alcanza para entenderlo…

“Si se calla el cantor… Calla la vida… Porque la vida, la vida misma es toda un canto… Si se calla el cantor… Muere de espanto… La esperanza, la luz y la alegría…”

Eso dice Horacio Guarany, uno de los más grandes cantores de nuestra Latinoamérica… Porque la vida misma es todo un canto… Y resulta que de pronto ¿no servimos para nada…? Los poetas, que por supuesto son cantores, porque la poesía misma es canción, los músicos, los cantores hemos alimentado el alma permanentemente aún a costa de desgarrar la propia… Porque al entregar el canto, entregamos completo el espíritu, la esencia… Y después, después hay que rumiar soledades para recomenzar y volver a la entrega en los más grandes o más humildes escenarios… El cantor, al salir a escena se desnuda el alma y se convierte el la vulnerabilidad personificada… Y dispuesto a sangrar profusamente, alivia con su canto, con su entrega, el dolor de quien lo necesita a costa de envolverse en el dolor mismo… El cantor, prodiga en su canto la emoción amorosa para que la culminación del cortejo se logre como un regalo bendito de este bendito-maldito oficio aún cuando al motivar el amor, el cantor no tenga más que soledades profundamente arraigadas como garras de gavilán clavadas en ese lugar donde el alma llora…

“Si se calla el cantor… Muere la rosa… De qué sirve la rosa sin el canto… Debe el canto ser luz… Sobre los campos… Iluminando siempre a los de abajo…”

¿Y resulta que de pronto… El cantor, el canto, la música, la poesía… Son inservibles… Se abandonan porque no son “actividades esenciales…? Envuelto en esta pregunta, esta reflexión, te pido a ti, lectora, lector, que te concedas un par de minutos para pensar que… Si se calla el cantor… Calla la vida.

Por Alberto Ángel "El Cuervo".

México-Tenochtitlan en mitad de la incomprensión que los avatares de la pandemia traen para el bendito oficio de cantor.

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