• Faustino López

Pandemia o Pandemónium


Falto de originalidad, repetido excesivamente: manido. Así es este tema, universalizado por las circunstancias sanitarias durante los últimos siete meses.


Aunque epidemia y pandemia, de origen griego las dos, tienen la misma desinencia, epidemia, que en su lengua original es residencia en un lugar, según el diccionario, significa enfermedad infecciosa y contagiosa que aparece en forma aguda y masiva en un determinado lugar geográfico. Pandemia, de pan, todo, y demos, pueblo, es enfermedad epidémica que afecta prácticamente a todos los habitantes de una región determinada. Cosa sabida, la primera, como coronavirus, inició en China y evolucionó poniendo en jaque a todos los habitantes del planeta.


Pandemónium, a su vez, aunque con la misma raíz griega y la desinencia latina daemonium o demonio, tiene dos significados: lugar donde hay mucho ruido, griterío y confusión, y, también, capital imaginaria del reino infernal. Si nos atenemos a las definiciones, pareciera que así como la epidemia evolucionó a pandemia, ésta ha llegado a manifestarse como un pandemónium, por el mucho ruido y la generalizada confusión. Y se deben acatar todas las recomendaciones sanitarias oficiales para evitar su propagación. Es de destacar que han aparecido factores esperanzadores que alientan a su combate: China prueba ya una vacuna, lo mismo que los rusos. Y otros países, como México, se están agrupando con laboratorios mundiales, en su búsqueda.


Mientras tanto, independientemente a los farsantes que irresponsablemente se jactan de poseer amuletos contra todos los maleficios habidos y por haber, incluido el coronavirus, con el fin de manejar términos científicos (que desagradan a los charlatanes), es necesario saber que son cuatro las principales infecciones a que está sujeto el ser humano, las cuales son de origen bacteriano, viral, micótico y parasitario.


  • Bacteriano, de bacteria, microbio unicelular. Las especies parásitas llegan a provocar enfermedades a los vegetales y animales y, en el hombre, fiebre tifoidea, cólera y difteria.

  • Viral, de virus, microorganismo invisible al microscopio óptico, visible solamente al microscopio electrónico. Los virus son responsables de numerosas enfermedades de las plantas, los animales y el ser humano. Las infecciones víricas pueden ser triviales (resfriado común, herpes, algunas infecciones respiratorias) o graves (hepatitis, sida y, probablemente, algunos tipos de cáncer).

  • Micótico, de micosis, infección provocada por hongos parásitos.

  • Parasitario, provocado por la presencia de parásitos. Parasitosis, enfermedad causada por un parásito.

El coronavirus es, pues, un virus o de origen viral y no respeta a multimillonarios, primeros ministros, monarcas ni presidentes con amuletos, ni a cardenales con escapularios, ni a papas aunque representen a dios en la tierra. Tampoco a yanquis que se pasan de listos, como Donald Trump, que para ganar adeptos a su campaña repite perversamente “el coronavirus chino”, dándole la connotación de la capital del reino infernal con que designan al pandemónium los fanáticos. Tal es la mentalidad del antimexicano racista.


¿Cuántas extrañas sorpresas nos ha traído este mítico virus que tan frívola y desvergonzadamente, retando a la ciencia, pone en jaque al destino de la humanidad? Por el espanto al contagio, se suprimieron todas las despedidas religiosas a los seres queridos fallecidos. Se cerraron todos los templos en la tierra, incluida la catedral de San Pedro en El Vaticano, privando a los creyentes del refugio divino, como si dios se hubiera ido del mundo y nos hubiera dejado, como siempre estuvimos, solos.


Publicado en el 2000, en “El mundo que respiro”, Mario Benedetti, en un poema que pareciera escrito este día, que titula “Bendito sea”, escribe: “Bendito sea el Señor/ por haber decidido/ tan espontáneamente/ no existir./ Todos nos quedamos mirando al cielo/ desconsolados pero realistas/ esperando que el próximo crepúsculo/ traiga una magia laica…/ Pero si dios se ha llamado a silencio/ le echaremos de menos en pleno escándalo…/ Primavera de ateo crepita en el desierto/ no hay nadie en el oasis/ ni siquiera un camello/ nadie en el rascacielos/ (ni en los templos)/ ni en la selva amazónica./ Estamos desvalidos y no obstante/ ejercemos la fuerza de los solos.”

Por Faustino López Osuna | FACEBOOK

Compositor y Educador


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