Milonga de los Asados

Armando Tejada Gómez


Cuando el día clava el cacho

igual que un toro cansado

y se va yendo la tarde

detrás del último pájaro,

veo venir los amigos

por el crepúsculo manso

y un fino polvo de júbilo

se levanta de sus pasos.

En la leña, quema avispas

el corazón del quebracho.

Ahí viene Jorge Perino,

overol condecorado,

las manos de amasar fierros

en su oficio de mecánico.

Antonio López, neuquino,

mapuche en los medanales,

llega de ordenar los vientos

por El Chocón proletario.

El flaco Canelles viene,

cordobés del Cordobazo:

trae en su paso sereno

el rumor de los plenarios.

María Elena Moyano,

mendocina hasta la enagua,

que, como la yerba mora

desciende del agua clara

y mi compadre Andrés Tello,

por encima de los pájaros,

se sueña hornero y despierta

sobre el ala del andamio;

que en este país que somos

ya tiniebla, ya relámpago,

la amistad celebra misa

en el ritual del asado.

La noche, madre del humo,

riega sombras por el patio

donde, lento como el tiempo

sueña a chicharra el asado.

El vino, padre del sueño,

despierta de su letargo

y entra como un río nuevo

al secadal de la sangre.

En cada vaso de vino

hay siempre un trago de marzo.

Uno viene de la vida

con la ternura a destajo,

esquivando a la tristeza

que lo quiere solitario.

Uno anda comiendo sombras

por los rincones del alma

tropezando con la muerte

y cuerpeando a la nostalgia,

hasta que funda un amigo

sobre un nido de palabras

y entonces parte y comparte

la soledad por mitades.

Uno no es hombre de golpe:

va siendo, como la rama

y se va haciendo entre amigos,

semejante y semejanza.

Cuando mi argentina gente

se reúne en los asados,

enseña un modo de ser

generoso y solidario,

porque el que asa para él solo

suele morir de arrebato

y aunque le saquen la brasa

lo mismo queda pasmado.

Son las vueltas de la vida

y a vueltas se hace el asado.

Cuando la luna curiosa

se sube a los altos álamos,

me gusta cantar a dúo

y compartirme en el canto.

Entonces me crece el sueño

de un día no muy lejano

en el que mi pueblo macho

amanezca liberado.

¡Va a ser de ver por el cielo

el humo de los asados!

Por Eduardo Pérez de Lara González

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"Aguardad vuestro turno con paciencia y con fe... que hay mas estrellas que hombres y hay alas para todos."


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