• Mario Arturo Ramos

“Memuz” y Tijuana.


La mitológica “Frontera más visitada del mudo”, Tijuana, es una ciudad llena de historias singulares, destinos volátiles; de la mala y la buena suerte; de personajes llenos de imaginación y empeño que día a día construyen contra todo, el presente. “Aquí empieza la Patria” es el lema de esta tierra bañada por el Pacífico, santuario y viacrucis de emigrantes que la buscan como trampolín, pista de aterrizaje o refugio de sus anhelos. Es TJ, donde la muerte y la creatividad se dan la mano entre canciones, como “compas” que se conocen de siempre.


La música en Tijuana es devoción, arte, oficio íntimo, callejero; alimento, púlpito espectacular, anónimo; amor o desencuentro. En su órbita transitan seres que enriquecen su acontecer y la dotan de sonido y vivencias que se quedan en la memoria o en la tonadilla de un “corrido moderno”. A esta estirpe pertenece Guillermo Sánchez, “Memuz”, fallecido a los 33 años este abril de 2020, en la ciudad donde nació; a la que amó, a la que cantó.


Conocí a Guillermo, en El Lugar del Nopal, en un evento de las Jornadas Vizcaínas, donde compartí el escenario con Tato Monraz y con mi carnal, Ignacio Osornio; fue una noche Tijuanera para recordar a Rubén Vizcaíno y Agustín Lara. El motor de las Jornadas, el periodista y editor Jaime Cháidez, fue el puente para el encuentro; a Guillermo lo acompañaba una jovencita, que cantó con los acordes de la guitarra de Osornio. Al finalizar la nostalgia cantada, quedamos de conversar a la mañana siguiente, teníamos amigos comunes, Eduardo Magallanes, la “Yiyi” Gasca, Reyna Soledad, tal y tal, desde luego el tema: la canción popular.


Un café expreso y el sonido del mar que acaricia la Península, permitió que el joven compositor, productor, empresario, hipnólogo, conferencista, expusiera con vehemencia las razones que motivaban la prisa con la que acometía su andar por la industria del espectáculo. La forma entusiasta como las contó, ganó mi simpatía para el discípulo de Taurus Du Brasil. Fue el inicio de nuestra amistad que permitió que compartiéramos entre otros momentos, una mesa en la Cafetería La Habana, de la capital del país; la sesión en el Pueblo Mágico, Mocorito, Sinaloa, de la conferencia- concierto “Enamorado de la canción mexicana” del Mtro. Eduardo Magallanes; una tarde noche de Culiacán con su charla-musical sobre Chavela Vargas; en Tijuana o en Playas de Rosarito, donde participó en una de las sesiones del Taller de composición 2019, organizado por el Instituto Municipal de Cultura.


En una cafetería cercana a la Biblioteca de Rosarito, al finalizar el taller, nos reunimos a cultivar la amistad con la aromática bebida; traía el mismo impulso con el que lo conocí y que lo identificaba; dijo que instrumentaba un merecido homenaje a la cantora, Reyna Soledad. ¡Claro! continuaría su recorrido con la charla- conferencia “Nadie se muere de amor” sobre Chavela Vargas; algunos proyectos de producciones fonográficas entre ellos un homenaje a Lucha Villa; la presentación de una obra teatral y la fiesta por su próximo cumpleaños, fueron los temas en la mesa que reunía a compositores e intérpretes en la tertulia rosaritense. Al despedirnos, la noche otoñal regaló una imagen inolvidable, el cielo rojizo por los incendios provocados por los Vientos de Santa Ana, iluminaba el adiós. Fue la última vez que lo vi y como en la primera hablamos de la canción popular y, del mundo musical de Tijuana.


Guillermo fue de esos personajes que se beben la vida con premura, que dejan huella y crean polémica; su tiempo fue de aplausos, luces, amigos; logros, fracasos. Fue un negociante bohemio; un soñador melódico al que la neumonía atípica, esta primavera le cortó los sueños, la música. Este abril, se cerró la partitura de “Memuz”, a los pocos días de su cumpleaños 33, fue en la ciudad que amó, a la que cantó: Tijuana.


Por Mario Arturo Ramos

Poeta y Autor

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