Maternidad Confinada


Coser pequeñas alas

en los estribos

y colgar las piernas


Recuerdo claramente los primero días del inicio de la cuarentena en México. En lugar de preocuparme por lo que se veía venir, estaba yo encantada de poder pasar más tiempo con mi hijo. Tiempo más allá de los espacios que habíamos -él y yo- creado rutinariamente durante mucho tiempo. Tiempo repartido en las mañanas, antes de llevarlo a la escuela. Tiempo por las noches, cuando luego de regresar del trabajo, nos disponíamos a cenar, platicar un poco sobre su día e irnos a dormir no sin antes haberle contando un cuento.

Soy una madre trabajadora que como miles en mi país y en el mundo ejercen la maternidad en medio de un cúmulo de retos y dificultades que se hacen presentes en contextos donde existen muchas desigualdades. Vivo con un remordimiento al salir de casa y dejar los cuidados de mi hijo en terceras personas. Las ocasiones que por elección o necesidad he dejado de trabajar, vivo pensando en todo aquello que podría estar haciendo, de no haberme quedado en casa. Sirva esta pandemia para cambiar todas aquellas realidades que nos impiden vivir en un mundo más igualitario.


Mirar el reloj :

a punto de partirme en dos,

a punto de parir-me,

a punto de.


Gracias a la cuarentena es que he podido conocer y acercarme más a mi hijo. En poco más de dos meses transcurridos ha mudado cuatro dientes y ha dado un salto a la autonomía. A la autonomía de un ser que a sus escasos siete años de edad está empezando a comprender sobre la vida que le ha tocado vivir; el cuerpo en el que habita, la familia que somos, la ciudad, el país y el mundo en el que vive. Todo esto en tiempos del coronavirus.

Cada vez que me conecto a una reunión virtual, él decide asomarse. A él le gusta la idea de hacerse presente frene a quienes comparten conmigo amistad, trabajo, familia o una relación de pareja. A mi me gusta la idea de verle tomar su lugar en el mundo.


Entrañas cubriendo entrañas.

Y no sentir

y no sentir nada

ni siquiera los puntos

ni siquiera asco

al ver de reojo la bolsa

escurridiza y púrpura,

no sentir nada,


Lo más importante es estar bien, mamá, escucho cada vez que hago notar el cansancio, el estrés, la preocupación, el miedo y muchas veces la desesperación que causa vivir en constante incertidumbre. Y es que la incertidumbre es lo primero que sentí cuando por primera vez lo tuve en mi brazos, es lo que sentí cada uno de los días transcurridos después de su llegada, y es lo que siento ahora estando con él confinada en un lugar acechado por la muerte.

¿Qué va a ser de él si yo me enfermo y no logro vencer el virus? ¿Qué va a ser de él si el que se enferma es su padre? ¿qué mundo le tocará vivir después de la pandemia? son solo algunas de las preguntas que me hago cada que logro descansar la cabeza sobre la almohada.


no sentir

sino ser

el flujo del calostro

vertiéndose / en su boca diminuta

sino ser


La maternidad se parece mucho a lo que estamos viviendo en este confinamiento. Cuando llega no sabes qué hacer con ella, no hay certeza de por dónde pueda transitar y no hay garantías de llegar al lugar donde uno habría imaginado. La maternidad es ensayo y error, es alquimia, es caminar siempre sobre una cuerda floja aceptando la posibilidad permanente del riesgo de caer en el abismo. Es un mar de fluctuaciones en el que se navega -en el mejor de los casos- con un mapa de referencia. La maternidad es un lugar en el que no se puede dejar de estar.


[once horas diecinueve minutos]

[once horas diecinueve minutos]

huérfana del vientre

la blanca leche / que nutre a dios.


Después de largos días de confinamiento comienzan a difundirse noticias sobre las posibilidades de tener una vacuna que logre combatir la Covid-19. Esta será una de las grandes esperanzas a las que estarán atadas nuestras vidas en los siguientes días y meses, pero mientras eso suceda, la vida debe seguir transitado en los límites de lo meramente indispensable y en los cuidados que nos podamos brindar los unos a los otros. Mientras ese milagro suceda y la vacuna pueda estar disponibles para todos, nos queda el proceso humanizador de la maternidad. Cuando uno es madre, sabe o intuye que todo debe reducirse a lo esencial.


Poesía de Annalisa Marí, 1983

Por Mariana Velarde Aguirre

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