Los ojos verdes


Hamlet Lima Quintana


Él me enseñó los fundamentos

para vivir los vientos de la vida.

Hay que mirar me dijo, lo que uno lleva adentro

y volcarlo hacia afuera, hacia la calle,

hacia la gente que pasa por la calle,

hacia las luchas que pasan por la calle,

hacia el dolor que corre por la calle,

hacia la calle interna que tiene toda calle,

esa que no se ve pero es la historia cierta.

Después iba hasta el fondo de la casa

para tocar la guitarra al pie de la glicina,

al pie del pie que apoyaba en la tierra

mientras los grillos del verano,

los cantores de siestas provincianas,

bailaban un tanguito creyendo que era farra.

Hay que mirar la luz de las mañanas

y descubrirle los colores a las ramas

de cualquier árbol que crezca por la casa,

por la calle, los jardines o las plazas,

para pintar después la algarabía

de todos los gorriones y la gente que pasa,

hay que aprender a ver, decía, y me llenaba

de poemas, canciones, cuentos, dramas

de cotidiana gente que estaba por la calle,

sufría por la calle, amaba libre por la calle,

era feliz o mal moría por la calle.

Cuando ahora sucede que recuerdo

creo que aprendí entonces a pintar la vida

a través de los ojos verdes de mi padre.



Del libro «Las memorias y Diario del regreso», Ediciones del Valle, 1999.

Pintura: Carlos Alonso.

Por Eduardo Pérez de Lara

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