El Movimiento del Nuevo Cancionero

Mi canción es un libro

Que se escribe con el viento

Y una imprenta indeleble

-la guitarra del pueblo-

A lo largo de América

Lo imprime a cielo abierto

El libro del viento (fragmento)

Armando Tejeda Gómez


En febrero de 1963 nace en Mendoza, Argentina, un movimiento literario-musical con la firme idea de la renovación permanente del cancionero popular. Una canción folklórica que salga del campo, de los temas rurales, y vaya a las ciudades y nos hable de temas sociales; que deje, en ocasiones, de describirnos el paisaje para hablarnos de la problemática social del momento, visto desde los ojos e intereses de la gente.


Armando Tejada Gómez y Óscar Matus, amigos de la infancia, junto con la voz de Mercedes Sosa, y la guitarra académica de Tito Francia fueron los creadores de esta idea renovadora que, en principio, no pensaron que todo ésto fuera a salir de Argentina y llegar tan lejos.


Aquí un fragmento del Manifiesto del Nuevo Cancionero:


El Nuevo Cancionero es un movimiento literario-musical, dentro del ámbito de la música popular argentina. No nace por o como oposición a ninguna manifestación artística popular, sino como consecuencia del desarrollo estético y cultural del pueblo y es su intención defender y profundizar ese desarrollo. Intentará asimilar todas las formas modernas de expresión que ponderen y amplíen la música popular y es su propósito defender la plena libertad de expresión y de creación de los artistas argentinos. Aspira a renovar, en forma y contenido, nuestra música, para adecuarla al ser y el sentir del país de hoy.


El Nuevo Cancionero no desdeña las expresiones tradicionales o de fuente folclórica de la música popular nativa, por el contrario, se inspira en ellas y crea a partir de su contenido, pero no para hurtar del tesoro del pueblo, sino para devolver a ese patrimonio, el tributo creador de las nuevas generaciones.


El Nuevo Cancionero se propone buscar en la riqueza creadora de los autores e intérpretes argentinos, la integración de la música popular en la diversidad de las expresiones regionales del país.


Quiere aplicar la conciencia nacional del pueblo, mediante nuevas y mejores obras que lo expresen”.


No es de extrañar que en un principio hayan encontrado una fuerte oposición, siempre con el argumento de que "éso no es folklore", cosa que no impidió el avance de esta idea maravillosa que ha unido a nuestra América Latina en un ideal, y ha dejado huella incluso en Europa.


La mecha estaba encendida, y fueron muchos los que siguieron el ideal de los primeros firmantes del Manifiesto original, llevando a sus países la renovación que éste ofrecía.


Una muestra del alcance que, fuera de Argentina, ha tenido hasta nuestros días está en el trabajo hecho por Los Kjarkas en Bolivia; Violeta Parra, Quilapayún, Víctor Jara, e Inti Illimani en Chile; Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en Cuba; Willie Colón en Estados Unidos: Los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy en Nicaragua; Rubén Blades en Panamá; Maneco Galeano, Ricardo Flecha, Alberto Rodas en Paraguay; el gran Nicomedes Santa Cruz en Perú; Los Olimareños, Alfredo Zitarrosa, José Carvajal, y Daniel Viglietti en Uruguay; Alí Primera en Venezuela.


México no fue la excepción, y gente como Óscar Chávez, Gabino Palomares, Amparo Ochoa, y Guadalupe Trigo por mencionar solo a algunos.


El 25 de marzo de 1982 se llevó a cabo en México el Foro Internacional de la Nueva Canción, y en su ponencia "Canto, Pasión y Lucha del Nuevo Cancionero Argentino", Armando Tejada Gómez expresó lo siguiente:


"En cualquier rincón del planeta, ya mismo, un hombre o mujer de cualquier nivel social, ideológico, regional o nacional, ejercen el derecho a la expresión musical sin ninguna otra barrera que la capacidad intelectual o intuitiva y el don natural de cada uno. La canción popular socializa de hecho, por la mera audición, en cualquier parte de la tierra, el acceso al fenómeno estético de la música y de la poesía. En ese sentido, la canción puede ser un instrumento de opresión, mediatización y desarraigo de la personalidad social y nacional, o un vehículo revolucionario contra toda sumisión, alienación y vaciamiento cultural no sólo de los hombres y mujeres, sino de los pueblos, aún aquellos de milenaria tradición".


Es por eso que hoy hacemos eco del tema Canción con Todos que me uno a este proyecto en que con todas las manos y Todas las Voces somos canción en el viento.


Desde la Ciudad de las Montañas, Monterrey, Nuevo León, les envío un fuerte abrazo, pidiéndoles que no olviden que, citando a don Armando, "Hay que soñar la vida para que sea cierta".

Por Eduardo Pérez de Lara González

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