• Refugio Reyes Ramírez

El idioma de las manos


Por Refugio Reyes Ramírez


Al recordar aquellos años de niñez recuerdo algunas situaciones con respecto a las manos: La primera, en una ocasión un amigo que era unos años mayor me vio las manos y me dijo “ah pero, tú no haces nada” sin embargo, la diferencia entre las manos de él y las mías radicaba en que él hacía tiempo ya que no tenía papá y él y sus hermanos debían dedicarse a trabajar por las tardes y los fines de semana, lo que trajo consigo que sus manos fueron transformándose hasta volverse rudas, ásperas, como de adulto, cuando éramos niños.


Otros amiguitos trabajaban en la agricultura, lo que implicaba manejar aquellas herramientas que forzosamente te sacan callos, no sin antes tener ampollas, otros más eran ayudantes de albañiles (sus propios padres). Cuando mi padre llegaba de trabajar y se recostaba en la cama a descansar, yo me acostaba a su lado fijaba mi atención en sus manos, sus dedos gruesos, ásperos y que querían permaneces casi empuñadas y por más que luche para que las tuviera abiertas él me decía “no puedo tenerlas abiertas, se cierran solas” ahora que comprendo que luego de horas de trabajo toman esa posición.


Cuando ya me tocó trabajar en una maquiladora supe de varios accidentes que sufrieron compañeros de trabajo: la máquina de coser les lastimó los dedos con la aguja, las navajas de las herramientas les cortó la palma de las manos al no portar el equipo de seguridad; o las máquinas que fueron modificadas en la parte de la seguridad hasta mutilar los dedos de aquel que no supo manejarla.


Aunado a lo anterior, Adela Sequeyro Haro nacida el 11 de marzo de 1901 en Veracruz, llegó al final de sus días en 1992 en la ciudad de México. Se dedicó al periodismo, llegó a ser actriz, trabajó en la industria cinematográfica y guionista. Sin duda alguna fue integrante de la llamada Época de oro del cine mexicano. Pues bien, ella publicó un artículo titulado “EL IDIOMA DE LAS MANOS” y habla precisamente de esas situaciones en las que de acuerdo a las actividades que realizamos a diario nuestras manos se ven afectadas o beneficiadas. Sin embargo, no se vislumbra que por tenerlas de una u otra forma pudieran decidir sobre nuestra propia vida, nuestro futuro. A continuación su publicación.


“No es simplemente en un concepto poético donde radica el idioma de las manos. Los literatos han fijado su atención en esa parte importantísima del cuerpo humano y los dedolargos, afilados, blandos y tersos, han inspirado los más bellos poemas. Pero para cualquier observador y aún para los ojos neófitos para los primero y su atractivo o su repugnancia para los segundos.


Pasado el tiempo de las aristocracias, en cuya época los hombres cuidaban tanto de sus manos como la más refinada dama, surgió el testimonio de la clase a través de la aspereza de estas extremidades superiores. Muchas cabezas cayeron por la tersura de sus dedos bien cuidados, por la suavidad de las palmas que expresaban claramente la vida de los desocupados, de los nobles atenidos a los servicios de los demás y cuya existencia se había siempre deslizado en medio de disipaciones y de graves indiferencias hacia los plebeyos, mismas que encendieron la tea de la revolución.


Por aquellos tiempos, tener las manos suaves representaba una sentencia de muerte, y aún los que, olvidando su orgullo y su altivez aristocrática, trataron de aferrarse a la vida desmintiendo con los labios su casta y sus timbres, el idioma de sus manos ociosas les traicionaron epilogando su canto de abolengo en un crispamiento doloroso acompañado del dramático silbido de la guillotina.


Muchos años después, cuando la marejada de las pasiones sociales se deshizo en el lecho del tiempo, la humanidad volvió a sentir afición por el cuidado de sus manos. En relación directa con la clase de actividades en desempeño cotidiano, el individuo lleva en el apéndice de sus brazos la expresión, el idioma de su vida que sirve muchas veces de base incluso para la comisión de un trabajo.


Muchos hombres que últimamente han tratado de ir en busca de dólares empleándose como “braceros”, han sido rechazados porque sus manos los revela incapaces para realizar labores rudas.


Los burócratas, los intelectuales, los profesionistas y todos aquellos que en desempeño de su trabajo no arruinan sus manos, llevan en ellas su propio testimonio.


Los salones de belleza, reúnen clientes de ambos sexos que se preocupan por el aspecto de sus manos y gustan de mostrar uñas limpias y brillantes, dedos sin callosidades, piel sedosa y sin asperezas.


Pero naturalmente, el trabajador que emplea sus manos en labores rudas, no puede dedicarle atención ni cuidado en lo que se refiere a la belleza de su aspecto. Si es inteligente, su interés lo radica en la conservación y en la integridad de sus manos porque sabe que le son sumamente necesarias; que un hombre que sufre la mutilación de sus dedos, entorpece su trabajo y por ende, la marcha normal de su vida, además de presentar un aspecto desagradable ante los ojos siempre curiosos de los demás. Si es torpe, olvida estas cosas piensa que los accidentes son producto inevitable del trabajo y confía simple y sencillamente en su suerte.


Fuentes:

Periódico, LA VOZ DE SAN CRISTÓBAL. Diario Independiente. Época I, núm. 63, impreso en San Cristóbal Las Casas, Chiapas. Martes 15 febrero 1955. Hemeroteca de la Unicach.

https://www.mexfilmarchive.com/documents/adela_sequeyro_mujeres_del_cine_mexicano.html

http://escritores.cinemexicano.unam.mx/biografias/S/SEQUEYRO_haro_adela_perlita/biografia.html

Por Refugio Reyes Ramírez

Licenciado en Historia de México, autor con textos publicados en la revista ICHEA, 2014.

En 2015 publicó “Comerciantes en Tuxtla Gutiérrez Chiapas 1880-1910. Una perspectiva desde los protocolos notariales”, en la obra colectiva “Comunicación, economía y sociedad”.

Además de “El árbol del Diablo en Chihuahua” en “Cuadernos Fronterizos”

Auxiliar de investigación de Víctor Orozco con el cual colaboró en el artículo publicado en el 2012 “Un viaje de Chihuahua a Paso del Norte en 1842, autores, Marco Antonio Rodríguez y Víctor Orozco




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