¿Cuál es la original?

“Te puedes adornar con las

plumas de otro, pero no

puedes volar con ellas”.

Lucían Blaga, poeta rumano.

Dedicada a los piratas del siglo XXI

Así…poco a poco ¡ya está! Este es el diseño de la flor que quiero. Transparente, cristalina, tal como la imaginé. ¿Habrá acaso una flor más bella? Representa la pureza de la naturaleza, la transparencia de la vida, la inocencia de los niños…


Eduardo estaba absorto en esta idea cuando de pronto llegó Néstor, un compañero del taller de Estética donde en ese momento se encontraban. Pero… ¿Qué es esto? dijo en tono despectivo refiriéndose a la rosa de cristal de Eduardo. Es una flor dijo Lalo ¿Qué no la ves? Si claro, pero, ¿no crees que le falta algo?, ¿Cómo qué? ¿El título? Lo tiene, se llama…no, no me refiero a eso, sino a algo más de adorno, de color, en fin. Pues gracias dijo Lalo, pero así me gusta, si le hago todos esos cambios ya no sería mi obra ¿No crees? Bueno, dijo Néstor yo solo sugería, pero si así te gusta está bien. Voy a trabajar en mi propia obra porque si voy a participar. ¿Siempre sí? dijo Eduardo, que bien, pues adelante; ya solo nos faltan tres días así que apúrate. Néstor se fue a su lugar de trabajo. Lalo se quedó otro rato contemplando su obra.


Llegó el dichoso día del concurso. Eran ya las 10:50 de la mañana. Dos clases habían pasado ya, y era hora de que cada quien mostrara sus obras de arte en la sala de usos múltiples de la preparatoria. El concurso tenía dos finalidades, la primera era la aportación de una beca para el primer lugar para estudiar en Centro Nacional De Las Artes por parte del Gobierno del Estado, y la segunda y no por eso menos importante obtener la calificación final en la materia de Estética.


Los trabajos estaban cubiertos con mantas para que los jurados los pudieran ir develando uno por uno. El jurado estaba integrado por cinco personalidades reconocidas en el mundo del Arte entre los que había una escultora, un pintor, un arquitecto, un escritor y un músico. Eduardo se encontraba muy nervioso pero orgulloso de su trabajo ¿Qué crearía Néstor? era su pregunta ante el poco tiempo de que este dispuso para realizar su obra.


Eran 25 obras de arte las que se evaluarían. Dio inicio la ceremonia de presentación con su respectivo protocolo. El presídium fue dado a conocer al público presente, así como los nombres de las personalidades que fungirían como jurados.


Llegó el momento crítico. Los jueces comenzaron a develar las obras de arte. Había esculturas de tipo renacentista, clásico, moderno, en fin, de todo un poco. A cada velo que se levantaba, lo acompañaba un ¡Oooh ! con la consecuente oleada de aplausos. ¡Que trabajo tan difícil el de los jurados! Decía la gente Cada obra tenía características diferentes, cada una de ellas era original y única. De pronto ¡Aaaah! el público se quedó atónito. Se develó el trabajo número 18 era una rosa, si una hermosa rosa con pétalos azules hechos de lisas hojas de madera de cedro. El tallo era de cobre y las hojas que de el se desprendían eran de un metal dorado que resplandecía. Las espinas eran simuladas con alambre de púas estratégicamente enroscado y debidamente pintado. Todos alababan aquel trabajo. Todos lo admiraban. Néstor se erguía orgulloso al lado de su obra. Solo una persona, Eduardo se apretaba el estomago tratando de contener la rabia y aquel juego de sentimientos encontrados ante lo que el consideraba una verdadera traición por parte de Néstor. Los compañeros que alcanzaron a ver la obra originalmente realizada por Eduardo, lanzaban fuertes miradas de desaprobación hacia Néstor quien haciendo gala de ironía sonreía indiferente y triunfal.¡Le pirateó su obra a Lalo! Se decían. Si, es la misma flor, solo que con otros materiales, y exageradamente adornada, comentaban. Los jueces se deshacían en elogios acerca de lo que consideraban una magnífica obra de arte. Tardaron un buen rato para pasar a develar las siguientes obras. El público daba por hecho que aquella obra sería la ganadora. Eduardo no podía contener el disgusto.¡Que falta de originalidad! pensaba para si ¿Cuántas personas habrá así en el mundo?¿Cómo es que no pueden generar sus propias ideas para hacer sus obras? Es por estas personas que existe la piratería ¡Si! exclamaba decepcionado ¡Me ha robado mi idea!


Néstor alcanzó a darse cuenta del descontento de Eduardo ¡Pobrecillo! se decía, pero, finalmente, alguien tiene que hacer bien las cosas. No me saldrá con que le pirateé su idea. Si yo se lo dije bien claro ¡A esa rosa le falta algo! Y ese algo, lo quiera o no, es de mi cosecha. En eso estaba cuando llegaron a la obra número 21. El brillo que se desprendió de aquella rosa cristalina fue como un destello deslumbrante que sorprendió a todos ¡Que bella!, ¡Que hermosa! Exclamaban. La rosa transparente y delicadamente trabajada en cristal, parecía irradiar muchos matices. El cristal descomponía la luz en siete colores, que, dependiendo del ángulo donde se encontrara, resaltaban cual pedacitos de estrellas llovidos del firmamento. Esta obra si que brilla con luz propia comentó el pintor ante la aprobación silenciosa que le daba la escultora.


Pero todos callaron ante el comentario mordaz, pero certero, emitido por el Arquitecto: ¡Si mis ojos no me engañan, tiene mucho parecido con la obra número 18! Los presentes enmudecieron. Todos lo notaron, pero nadie tuvo el valor para comentarlo. Por ese lado, convino que hubiera un jurado tan sincero como el Arquitecto. Después de la incómoda pausa el Escritor preguntó ¿Se encuentran presentes los creadores de las dos obras? Si contestó inmediatamente el profesor de Estética. Se les citó a los 25 participantes y aquí están. Bien dijo el Escritor. Al término del evento tendremos que hablar con ambos. Un ambiente tenso enmarcó la develaciòn de las obras faltantes.


Los jurados se fueron a deliberar. Eduardo se acercó a Néstor y le reclamó sobre lo que ya todos sabemos ¿Qué te pasa amigo? contestó Néstor. No sabes perder ¿o qué? Si se perder dijo Eduardo, a lo que no estoy acostumbrado es a que se roben mis obras, a que hagan reverencia con sombrero ajeno a que… El llamado del director escolar calló la última frase de Eduardo. Tenían que presentarse con el jurado.


Caminaron hacia la Dirección escolar en donde se encontraban reunidos los jurados. Los jóvenes se mostraban ansiosos por saber lo que les deparaba el encuentro. Tomen asiento, dijo el director ante las miradas de admiración y de misterio que les otorgaban los jurados. Miren jovencitos, dijo la escultora quien llevaba precisamente una flor dorada en la solapa. Sus trabajos son muy buenos, son los mejores. No tengo inconveniente de acuerdo con mis compañeros, en que ambos pudieran ser los ganadores del primer lugar. Sin embargo, existe un problema con sus obras que se puede resumir a una pregunta ¿Cuál es la original? La mía, la mía dijeron los dos arrebatándose la palabra. Es una pregunta retórica dijo la escultora. No he terminado de hablar, permítanme por favor. Los jóvenes cubrieron su impertinencia con el velo del silencio. La escultora continuó. Las obras de arte se caracterizan por muchas cosas, sin embargo, los criterios que estamos utilizando para evaluar sus obras son los siguientes: Primero, Originalidad. Es decir, que sea una obra única e irrepetible. Por principio de cuentas ya tenemos problemitas con eso ¿verdad?, la segunda es la Estética. O sea, que la obra sea agradable a los sentidos en especial a la vista en este caso. Las dos obras son muy estéticas, agradables a la vista y por desgracia, muy parecidas, aunque tienen aspectos diferentes. Mientras que una está muy adornada casi churrigueresca diría yo, la otra es muy sencilla y con un estilo más moderno. Por otra parte, la sencillez muchas veces es más agradable a la vista que lo ornamentado.


Claro dijo el músico, muchos compositores pasaron desapercibidos por hacer obras cargadas de notación musical e instrumentación, difíciles de leer y ejecutar para los músicos. Tanto así que sus partituras están olvidadas en los viejos conservatorios sin que nadie se atreva a exponerlas. Gracias por su intervención añadió la escultora. Falta el tercer aspecto a evaluar y creo que este será el definitivo en este caso para darnos la calidad del fallo. Cedo la palabra al Lic. En Lengua y Literatura, nuestro escritor quien nos hablará sobre este rubro.


Un señor maduro de barba grisácea, con lentes redondos y pequeños se puso de pié. ¡Gracias! Dijo a la escultora quien regresaba a su lugar entrelazando las manos. La elocuencia, comenzó el escritor, con la que se dicen las cosas, es distinta del disfraz de la subliminal metáfora. Quiero decir con esto que cuando se crea una obra, se le da un significado especial que solo el verdadero autor podría explicarlo. En este momento, los dos autores nos tendrán que exponer cual es el significado de su obra, lo que sintieron al crearla, y el porqué del título de la misma. Iremos en orden numérico correspondiéndole al Joven Néstor Galván exponer sus puntos de vista.


Néstor sudaba frío, sus ojos no encontraban un punto a donde mirar. Lalo lo observaba imaginando que podría argumentar si la idea no era realmente suya. Sin embargo, una vez más, Néstor lo sorprendería. Y bien…dijo el escritor. Quiere decirnos ¿Qué significa su obra joven Néstor? Pues verá, dijo el interpelado en cuestión “En un principio se cree que Dios hizo las cosas de manera natural y espontánea. En siete días y sin pedir el consentimiento ni la opinión de algo o alguien, puesto que aún no había hecho al ser humano. Conforme pasó el tiempo y una vez que surgió el hombre este fue transformando la naturaleza, primero por necesidad, luego porque el pensó que se vería mejor de tal o cual manera. Al darnos libre albedrío nos otorgó el derecho de transformar toda su obra maestra a nuestro gusto y placer. Es por esto que a mi obra la titulé “Rosa de alcurnia” porque tiene una ascendencia natural, pero al tocarla un artista como yo adquirió un linaje que la hace única e irrepetible. Podrá haber una flor similar pero nunca igual a la mía. Ahora debo decir que lo sentí al hacer esta obra fue ante todo un poder similar al de un dios, pero un dios que les enseña a los inferiores como se deben hacer las cosas”. ¡Suficiente! dijo el escritor. Me ahorro los comentarios hasta no escuchar la participación del joven Eduardo. Néstor dio las gracias y tomó su lugar. Los otros miembros del jurado cuchicheaban entre si y tomaban notas.


Dio inicio la participación de Lalo. Los argumentos de Néstor le habían provocado unos fuertes retorcijones en el estómago, sin embargo, contuvo su coraje hasta donde pudo, tragó saliva y aspirando una gran bocanada de aire comenzó: “Nosotros los seres humanos somos una obra de arte en si. Dios nos creo si, pero desde el vientre de nuestras madres. El es el creador nosotros el instrumento. Al nacer nos convertimos en obras de artes únicas e irrepetibles, aunque se debe reconocer que el proceso desde la fecundación hasta el proceso del embarazo es también una maravillosa obra de arte. Desde este punto de vista no podemos decir “ese hijo es una obra de arte mía, pero, si podemos alegar que es nuestro hijo; y sea que ese niño o niña tenga defectos genéticos o no, siempre lo vamos a ver como lo mejor que tenemos y hasta algunos se atreverán a decir, que es lo mejor que han hecho, aunque otros no lo piensen así. Mi rosa es mi obra, y me atrevo a decir que es mi rosa porque así fue planeada. Yo no me enamoré de una rosa ajena, yo tenía la idea de crear mi propia rosa con el material que yo eligiera. Admiro mucho a la naturaleza y creo que lo que Dios y la evolución han hecho, todavía no lo pueden igualar, mucho menos mejorar los seres humanos. Es por esto que el hombre no crea árboles, pasto ni agua pura y cristalina, sino que la adquirimos de la naturaleza. Ante esto, aun somos como niños, seres inocentes que a diario descubrimos que la mayor obra de arte es en realidad lo más sencillo y natural, y que lo inventado o creado por el ser humano, siempre va en imitación de el más grande de todos los artistas que es Dios. Mi obra se llama “Transparente inocencia” porque con su sencillez trato en alguna forma de representar a la inocencia del ser humano; a esa esencia y espontaneidad que se ha ido perdiendo gradualmente con el avance de la ciencia y de la tecnología; a esos valores como la sinceridad, la honradez y la verdad transparente. La justicia está representada por sus espinas, y los cimientos morales son su base a la que esta agarrada con sus raíces. Es transparente porque representa la sinceridad, y si hubiese hecho una rosa roja, blanca o amarilla, perdería su originalidad siendo como todas las flores de la naturaleza. Lo que sentí al hacerla fue amor y ternura, porque primero concebí la idea en mi cerebro, después realicé los bocetos para su proyecto y después la pulí con mis cuidados y paciencia. Si señores, esa obra es mía, y sea que gane o no, la quiero como a una hija. Eso es todo y gracias.


Los dos alumnos regresaron a la sala de usos múltiples. Curiosamente Eduardo se veía más tranquilo y relajado. En esos momentos, Néstor se le acercó con cara de arrepentimiento. Eduardo, le dijo, quisiera hablar contigo un momento. Asintió Eduardo y Néstor dijo: mira, yo se que no me lo vas a creer, pero cuando vi tu trabajo por primera vez en el taller de Estética, me sorprendí mucho, porque esa flor antes de que tu la realizaras, yo la había soñado ¿Cómo? Repuso sorprendido Eduardo. Si dijo Néstor yo ya la tenía en mente, solo que me pareció muy simple y quise mejorarla. Pensaba en los materiales, en los colores, en los adornos. Creeme hubo un momento en el que se me ocurrió hasta ponerle olor ¿olor dices? Si, pero esto ya sería el colmo ¿no crees? Quien sabe, dijo Eduardo, recordemos que una de las características del artista también es romper paradigmas. Claro, dijo Néstor, pero, ¿si me crees verdad? quiero aclararte que no te robé tu idea, era algo que yo ya traía rondando por mi cabeza, solo que tu la diste a luz antes que yo. Pero, dime que me crees o me volveré loco. Esta bien, está bien dijo Eduardo con la mano en la barbilla. Finalmente, no serias el primero ni el último en generar una idea simultánea. Recordemos que inventos como la religión, la rueda, el concepto del cero, por ejemplo, fue ideado y utilizado primero por los mayas y 500 años después por los árabes, la agricultura, e incluso la teoría de la evolución de las especies con Carlos Darwin y Alfred Wallace, surgieron en el mismo tiempo y en diferentes lugares del mundo, solo que se le atribuye al que lo registró primero, o bien si es más antiguo al lugar donde existan más vestigios del mismo. Ojalà las personas reconocieran que, aunque perfeccionaron una obra, lo que se debe respetar es quien tuvo la idea originalmente. Estoy de acuerdo en que también se debe reconocer al técnico que la llevó a cabo, pero lo que aquí se reconoce es su trabajo no la idea. Como en un escrito, por ejemplo, el escritor puede contratar a un corrector de estilo para mejorar su escrito y por esto se le paga, mas no por eso se podrá decir que el escrito es una creación de él. Ahora, si alguien genera una idea y también es capaz de realizarla, pues merece doble reconocimiento ¿no crees? Por supuesto dijo Néstor, me hiciste recordar un documental sobre Alexander Graham Bell, en donde, entre otras cosas, se comentaba que en 1887 tuvo que defender su invento del teléfono contra 600 inventores que aseguraban haberlo inventado antes, solo que el ganó la batalla con sus trabajos realizados anteriormente y con el aparato en cuestión en mano. También se hicieron comentarios sobre otros inventores con ideas similares entre los que se contó al mexicano Guillermo González Camarena, a quien le habían ganado la patente del invento del color en la televisión, y por tener más pruebas la recuperó. Solo me resta decirte, dijo Néstor, que esta experiencia me enseñó muchas cosas ¿Cómo cuales dijo Eduardo? Bueno, pues en primer lugar, me enseñó a valorar las cosas sencillas, a aceptar a las personas y a las obras como son, sin querer cambiarlas a menos que me lo soliciten claro, y finalmente a no fomentar la piratería de ninguna manera, como en este caso será aceptando que debí haber participado con otra obra. Eduardo se quedó perplejo. Su amigo estaba reconociendo por primera vez que se había equivocado. Bueno, dijo Eduardo, lo que tu hiciste me molestó porque solo vi en ti el acto que pensé, era una traición y un plagio. Pero ahora que me aclaras algunos puntos, también valoro tu sinceridad, y me hace apreciar más tu amistad. Finalmente hay dos rosas dijo Lalo, y la gente elegirá la que más le guste independientemente de quien sea el autor.


Néstor le tendió la mano a Eduardo y quedaron tan amigos como siempre. Néstor aprendió a ser más tolerante con las personas y a ser menos soberbio. Eduardo se preocupó por registrar sus obras antes de darlas a conocer, comprendió que una idea no es valiosa por el simple hecho de tenerla sino por llevarla a cabo. Al fin, si puede uno pueden todos. Existen ideas tan brillantes que solo sirven para iluminar el cerebro de quien las piensa. Mientras no se realicen o se den a conocer, son como simples rosas inocentes y hermosas que nadie podrá admirar jamás en el basto rosal del acontecer humano.


El premio del primer lugar fue otorgado por decisión unánime a Eduardo, ya que uno de los criterios para evaluar fue el de la originalidad y, en estos tiempos es muy difícil encontrar a alguien o a algo original y sencillo. Lo rebuscado y lo rimbombante está pasado de moda. Los nuevos piratas de nuestra sociedad, hasta en el nombre son faltos de originalidad. Estos plagiarios sin valores, son como las moscas, que al no poder producir su propia miel, revolotean de lado a lado en busca de una productiva abeja que las pueda hacer sentir como reinas en el mundo de los zánganos.

Por Antonio Tintos Recillas

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