Condolencias y preparativos para el encuentro final / El costo por morir

"$2 por el cantor en la misa de cuerpo presente, el costo de cuatro cirios $5, la participación del sacerdote en la misa y la persona que tocó el “armonio” en la misma por $27"

Este año 2020 que trajo consigo un freno por la pandemia a todos los aspectos de la vida desde los grandes industriales hasta el vecino que vende algodones a 100 metros de mi casa. Desafortunadamente la cantidad de fallecidos en lugar de disminuir o no existir va en aumento, las causas son variadas. Al platicar en familia surge sin poderlo evitar las lágrimas por las pérdidas de familiares, amigos o conocidos. Una noche estuvimos en vela esperando sonara el teléfono para decirnos “ya falleció mi tío”. No pasa ni una semana y al amanecer del martes recibo otra llamada, es mi padre, me dice “acaba de fallecer tu primo”. A esto que nos ocurrió le llamó la noche que no termina, pues no acaba de amanecer y sentir que ya hemos dejado atrás tanto dolor.


Ya en pocos días se reunirán de nuevo las familias a recordar a sus muertos. Aquellos que cooperaban para llevar flores, ahora esperan que les coloquen un recuerdo y les lleven cempoalxóchitl a su tumba.


El turno al escenario corresponde ahora a una mujer, en este caso se dedicaba a la elaboración y venta de pan sin embargo, al enfermar se vio obligada a vender algunos de los enseres para esta actividad. Este documento es significativo porque describe los gastos que sus familiares tuvieron que realizar para que su madre recuperara la salud. Aunque los esfuerzos no fueron pocos, el desenlace fue el fallecimiento de doña María de la Luz Aguilar. Es de llamar la atención la descripción de los gastos que los preparativos para el velorio de la señora arrojaran, pues era necesario atender a los invitados que acompañarían en el pésame a los familiares.


Todo lo anterior se llevó a cabo, el 4 de diciembre de 1896 día de la protocolización de la testamentaría de la señora María de la Luz Aguilar. En la Villa de Simojovel a las 3:30 pm. Del 18 de noviembre de 1896 compareció José Mariano Aguilar, de 66 años de edad. Originario y vecino de la misma Villa, el cual se desempeñaba en la medicina; dijo que a la 1:30 del mencionado día, falleció la esposa de don Dionisio Villafuerte en su casa habitación. La señora tenía 50 años de edad, y murió a consecuencia de un “cólico enfático”. Los testigos del fallecimiento presentados fueron Amado Arismendi y Ponciano Domínguez, los dos solteros.


Una de las hijas de María de la Luz Aguilar y Dionisio Villafuerte (Elisea Villafuerte Zúñiga) acudiría un año después a saldar la deuda por algunos artículos utilizados en el sepelio de su madre. El 20 de noviembre de 1897, acudiría con L. Martínez (propietario de una tienda de abarrotes) a saldar la deuda por: 8 paquetes de “esterma”, en $3, ocho frascos de la conocida bebida “comiteco”, en $10, seis libras de café, por $1.12, 4 libras de cacao por $3, y seis reales de papel de china “prieto”, en $75, lo que arrojaba la cantidad de $17.87.


Cabe señalar que los intentos por devolverle la salud a la mencionada señora se vuelven patentes en las compras que llevaron a cabo en un local comercial que hacía las veces de farmacia. La encargada del mismo era la señora Carmen María Santiago, la cual extendió un recibo el 30 de marzo de 1898, por los siguientes artículos a la señorita Elisea Villafuerte Zúñiga: “Un bote de aceite palma de aceite, en $1.5, tres botellas de vino “peptona”, en $7.50, tres libras de “sagú” por $1.5, tres botellas de vino seco, en $1.87, un aceite de almendras, por $.5, una botella de aceite rosado, $.62, tres frasquitos de “laúdano”, en $1, dos botellas de agua sedativa, en $.87; en papel y sobres de luto, $2, seis listones prieto para un ataúd, $.75, en papel de adornos, $1.5. Lo que arrojó la suma de $19.61. Hasta en momentos de pérdida personal para los habitantes, fueron los comerciantes los que facilitaron el acceso a mercancías que se manejaban en los países que se consideraban modernos. Finalmente la comercialización de un cajón o féretro en el que depositarían el cuerpo también quedaría en manos de un comerciante, en este caso les costó $20.


Preciso es señalar también que la mencionada hija, Elisea Villafuerte Zúñiga, contrajo matrimonio con Juan Crisóstomo Zúñiga el 10 de septiembre de 1892. Su esposo era originario de Teopisca del Departamento del Centro, en Chiapas. Contaba con 28 años de edad, era soltero y dedicado al comercio. Al declarar sus generales dijo tener su casa habitación en el barrio de San Antonio en la misma Villa de Simojovel. Él, era hijo de Vicente Zúñiga y de Secundina Coronel, su padre, era oficio zapatero; mientras que Elisea, era de 19 años de edad, originaria de Simojovel, soltera y dedicada al comercio de pan. Su padre, Dionisio Villafuerte se dedicaba a la herrería, oficio que le daría la oportunidad de fabricar todo aquel utensilio, herramienta, puertas, partes de maquinaria, entre otros. Su madre era María de la Luz Aguilar, originaria de San Cristóbal Las Casas, en ese entonces de 50 años de edad, y comerciante de pan (actividad comercial que heredaría a su hija). El resultado fue que el enlace matrimonial de los mencionados jóvenes fortalecería la actividad a la que se dedicaban las dos familias. Esta forma en la que los comerciantes engrosaron y transformaron las relaciones intercomerciales (si es que se puede llamar así) fue una de las más socorridas por varias familias.


Al final el “costo por morir” arrojó además de los ya mencionados, los siguientes gastos que la familia decidió y pudo absorber: $2 por el cantor en la misa de cuerpo presente, el costo de cuatro cirios $5, la participación del sacerdote en la misa y la persona que tocó el “armonio” en la misma por $27; $3 por la participación de un cantor al cumplir un año de fallecida, $5 para la persona que tocó el “armonio” el día que cumplió el año de fallecida, $6.87 por los artículos tomados de la tienda del comerciante Maclovio Lara el día en que la velaron en su casa. $30 por los timbres empleados en el juicio testamentario, finalmente $20 por gastos extraordinarios por el “mortuorio de la señora Aguilar”. Todo esto arrojó la cuenta por $169.35.


El testamento señala lo siguiente: “En la Villa de Simojovel, Cabecera del Departamento de su nombre, a los seis días del mes de noviembre de mil ochocientos noventa y seis, ante mi el infrascrito Notario Público del Estado y los testigos”. Todos se presentaron en la casa de la señora María de la Luz Aguilar, de 58 años de edad, originaria de San Cristóbal con domicilio en Simojovel. Ella era hija de Mariano Aguilar y Juana Molina (ya finados) y como se sentía muy enferma solicitó la intervención de las autoridades para protocolizar su decisión de heredar. En la primera cláusula manifiesta que “profesa la religión cristiana, católica, apostólica romana, cree y confiesa todos los misterios y docmas que propone la Iglesia, bajo cuyos ritos y ceremonias quiere se dé sepultura a su cuerpo” (son relativamente pocos los testamentos en los que hacen patente sus creencias religiosas) Casada por lo civil y canónico con Dionicio Villafuerte en 1870.


Como era costumbre, declararon que ninguno de los dos aportaron nada al llevar a cabo el matrimonio sin embargo, lo logrado fue entre los dos.


Cuarta: los bienes consistían en lo siguiente. La casa habitación en la que estaban realizando tal documento, otra construida en el mismo terreno y destinada a la elaboración de pan; mismo que vendían en la Villa. Otra casa comprada a don Carmen Gordillo y que él no ha otorgado la escritura debida. Ésta casa está construida de bajareque, hecha de zacate y ubicada al Oriente de la casa de Manuela Llamas; los muebles, las imágenes y enseres de la panadería pertenecían a la señora Bacilia Elicea, así como las alhajas que poseía, pues la testadora declaró habérselas vendido, para atenderse con lo ganado su enfermedad.

Fuente: Archivo General de Notarías, Tuxtla Gutiérrez Chiapas, en el Centro Cultural Jaime Sabines.

Fuente de la imagen.

https://es.wikipedia.org/wiki/Museo_Julio_Romero_de_Torres#/media/Archivo:Mira_que_bonita_era_by_Julio_Romero_de_Torres.jpg

Por Refugio Reyes Ramírez

Licenciado en Historia de México, autor con textos publicados en la revista ICHEA, 2014.

En 2015 publicó “Comerciantes en Tuxtla Gutiérrez Chiapas 1880-1910. Una perspectiva desde los protocolos notariales”, en la obra colectiva “Comunicación, economía y sociedad”.

Además de “El árbol del Diablo en Chihuahua” en “Cuadernos Fronterizos”

Auxiliar de investigación de Víctor Orozco con el cual colaboró en el artículo publicado en el 2012 “Un viaje de Chihuahua a Paso del Norte en 1842, autores, Marco Antonio Rodríguez y Víctor Orozco




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