• Celso Garrido Noguera

Ciencia, Mercado, Poder, Locura


Con la crisis del COVID 19 la especie humana se confronta a límites existenciales de diverso orden.


En lo básico la crisis sanitaria que muestra nuestra vulnerabilidad como seres vivos, tal periódicamente lo han mostrado con las diversas epidemias a lo largo de la historia. Como en esas otras experiencias, la actual se transforma rápidamente en una crisis social, pero que bajo las condiciones contemporáneas se traduce en una inusitada detención de la vida colectiva, lo que incorporan nuevos factores de desequilibrio y conflicto. Todo ello genera una dinámica colectiva confusa y compleja, dentro de la cual destaca la concurrencia de conductas sociales fuertemente contrastadas, de cuya articulación depende la evolución que tendrá esta crisis, y en buena medida el futuro de la especie.


De una parte, la muy positiva respuesta de los científicos a nivel mundial, que muy rápidamente se abocaron al estudio de la enfermedad, la búsqueda de medios para atenuar sus efectos y la creación de vacunas efectivas para el control de la misma. En esto primaron las conductas de cooperación entre las comunidades científicas de muy diversas regiones del mundo, lo que se está traduciendo en avances a velocidades nunca vistas.


Pero esto se cumple a través de un previsible condicionante como es la necesidad de recursos tecnológicos y financieros para el desarrollo de las iniciativas y la implementación de sus resultados con la producción de vacunas a escalas de la población mundial.


Y con ello se detonan las respuestas de quienes controlan aquellos recursos desde las motivaciones con las que operan. De una parte, diversas empresas del sector farmacéutico que tienen capacidades de liderar estos desarrollos y movilizar los productos hacia las poblaciones objetivo. Buena parte de estas empresas reaccionan ante el desafío con lógica de mercado, que como es previsible anticipa beneficios extraordinarios para quienes logran la tan ansiada vacuna. Frente a esto se encuentran los gobiernos de distinto nivel, como el otro actor capaz de operar los recursos necesarios, que reaccionan en muchos casos con la lógica de la lucha por el pode. En sus extremos esto se muestra con las conductas de Trump y Putin, por el control o prioridad de las posibles vacunas.


Sin embargo, el cuadro se complejiza aún más con la emergencia de conductas de sectores sociales que reaccionan de manera irracional ante lo deseable para contribuir a controlar la epidemia, como es adoptar las prácticas de prevención individual recomendadas por los especialistas, (uso de mascarillas, distancia social, etc). En dinámicas que evocan conductas de la Edad Media, grupos numerosos niegan la existencia de la enfermedad y promueven acciones colectivas que contribuyen a expandir el contagio aun a riesgo de su vida. Lo más dramático es quienes hacen esto no son los sectores vulnerables de nuestros países que se ven obligados a exponerse al contagio por la necesidad de conseguir medios de subsistencia. En muchos casos, las citadas conductas sociales irracionales la desarrollan comunidades que actúan movidas por las razones ideológicas con que procesan la comprensión de esta crisis. En esto es notable la participación masiva de jóvenes que parecen no poder aceptar la crisis del hedonismo individualista que les impone las restricciones de supervivencia individual y colectiva.


De conjunto, todo esto hace evidente la necesidad urgente de construir liderazgos sociales progresivos para direccionar el procesamiento de esta crisis en beneficio del conjunto de las comunidades. Este parece un desafío mayor para las distintas organizaciones de la sociedad civil con capacidad de intervención para incidir en los tomadores de decisiones y en las conductas sociales. Y por debajo de todo ello subyace el horizonte de construir una nueva narrativa para la vida social de alcance humano superior.

Por Celso Garrido Noguera

Profesor Distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana

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