• Faustino López

What?


Tal sería la expresión de alguien que hablara la lengua de Shakespeare al leer o escuchar la pregunta que la Suprema Corte de Justicia de la Nación redactó para cambiar la que originalmente proponía el titular del poder Ejecutivo, en la por venir consulta a los mexicanos sobre si están de acuerdo en que se juzgue por delitos graves a los expresidentes de la república, de Salinas de Gortari a Peña Nieto.


Apenas llega a sainete, en alguna de las acepciones con que el diccionario define sainete: obra teatral breve, acontecimiento grotesco, adorno que realza el mérito de otra cosa. Y como la cosa es producto humano, que no cae del cielo ni brota de la tierra, tiene un subido tono hipócrita (que finge o aparenta lo que no es o lo que no siente), o diplomático, diría otro.

O de plano resulta un sesudo eufemismo (palabra o expresión que se usa para sustituir otra que se considera de mal gusto, inoportuno o malsonante. Cualquiera de estos tres calificativos se pudo utilizar para justificar el por qué se modificaba la pregunta originalmente propuesta, pero se echó mano de un dogma constitucionalista para considerarla “anticonstitucional”. ¿Quedó claro?)

Pareciera que alguien decidió enredar la pita (pan de masa no fermentada típico de las cocinas griega y libanesa). Pareciera, igualmente, que los seis magistrados que ganaron en calificar la consulta como constitucional, para atenuar la derrota de los otros cinco les dieron la satisfacción de desquitarse redactando un texto lo más distante de la lógica gramatical, sirviéndose con la cuchara grande de la irracionalidad, sin importar que algunos malintencionados puedan calificarlo de un bodrio (cosa mal hecha o de mala calidad, especialmente una obra artística ¿o litigiosa?) que ya no puede cambiar ni la Cámara de Diputados. ¿Qué tal?

El asunto es que fuimos convocados a asistir a una obra monumental que prometía la elevación más armoniosa de nuestro sentido cívico, parecida a lo que musicalmente en un concierto sinfónico es el aumento progresivo de la intensidad de los sonidos, in crescendo: en aumento, cada vez más. Y cuando se llegaba a la cumbre, al clímax (momento culminante de un proceso), ¡zas! (onomatopeya con que se imita el sonido que produce un golpe, frecuentemente usada también para indicar la brusquedad con que se hace o sucede algo): vino bruscamente el anti clímax. Eso fue de la declaración de constitucionalidad de la consulta al cambio de la pregunta. Y el gozo al pozo. Era muy bonito para que fuera cierto. De la certeza y lo concreto se pasó a lo ambiguo (incierto, dudoso, poco claro). De la seguridad de ser luminosos, al miedo de ser informes o deformes.

Repasando algo de lo ya dicho aquí, regreso a la palabra hipócrita, porque viene del griego hypokrites, que significa actor teatral. Sí, los tres poderes de la Unión son actores teatrales, son hypokrites, tragicómicos, igual que todos los seres humanos en el Gran Teatro del Mundo, como escribió Pedro Calderón de la Barca.

Y yo, pretendiendo distraer a la pandemia, me encontraba releyendo El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, del escocés Robert Louis Stevenson, cuando sucedió lo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Interrumpí la lectura para atender lo de la aprobación o no de la consulta. Y de pronto sentí que topé con un retruécano (figura retórica de construcción que consiste en contrastar dos proposiciones invirtiendo sus términos para que sus sentidos sean contrapuestos o antitéticos). ¿Por qué me da la corazonada que comprender un retruécano y la pregunta redactada por los magistrados de la SCJN es lo mismo?

Por Faustino López Osuna | FACEBOOK

Compositor y Educador


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